EL VIEJO Y EL MAR [°]●
ERNEST HEMINGWAY ○ (|Fragmentos|)
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⚘"Pero el hombre no está hecho para la derrota __dijo__. Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado.
"Pero siento haber matado al pez __pensó __. Ahora llega el mal momento y ni siquiera tengo el arpón. El 'dentuso' es cruel y capaz y fuerte e inteligente. Pero yo fui más inteligente que él. Quizás no __pensó__. Acaso estuviera solamente mejor armado."
__No pienses, viejo __dijo en voz alta__. Sigue tu rumbo y dale el pecho a la cosa cuando venga.
"Pero tengo que pensar __pensó __. Porque es lo único que me queda. Eso y el béisbol."
(...)
"No quería mirar al pez. Sabía que la mitad de él había sido destruida. El sol se había puesto mientras el viejo peleaba con los tiburones.
__Pronto será de noche__dijo__. Entonces podré acaso ver el resplandor de La Habana. Si me hallo demasiado lejos al este, veré las luces de una de las nuevas playas.
"Ahora no puedo estar demasiado lejos __pensó__. Espero que nadie se haya alarmado. Solo el muchacho pudiera preocuparse, desde luego. Pero estoy seguro de que habrá tenido confianza. Muchos de los pescadores más viejos estarán preocupados. Y muchos otros también __pensó __. Vivo en un buen pueblo."
Ya no le podía hablar al pez, porque este estaba demasiado destrozado. Entonces se le ocurrió una cosa.
__Medio pez __dijo __. El pez que has sido. Siento haberme alejado tanto. Nos hemos arruinado los dos. Pero hemos matado muchos tiburones, tú y yo, y hemos arruinado a muchos otros. ¿Cuántos has matado tú en tu vida, viejo pez? Por algo debes de tener esa espada en la cabeza.
Le gustaba pensar en el pez y en lo que podría hacerle a un tiburón si estuviera nadando libremente. "Debí de haberle cortado la espada para combatir con ella a los tiburones", pensó. Pero no tenía un hacha, y después se quedó sin cuchillo.
"Pero si lo hubiera hecho y ligado la espada al cabo de un remo, ¡qué arma! Entonces, los habríamos podido combatir juntos. ¿Qué vas a hacer ahora si vienen de noche? ¿Qué puedes hacer?".
Pelear contra ellos __dijo__. Pelearé contra ellos hasta la muerte.
Pero ahora en la oscuridad y sin que apareciera ningún resplandor y sin luces sólo el viento y sólo el firme tiro de la vela, sintió que quizás estaba ya muerto. Juntó las manos y percibió la sensación de las palmas. No estaban muertas y él podía causar el dolor de la vida sin más que abrirlas y cerrarlas. Se echó hacia atrás contra la popa y sabía que no estaba muerto. Sus hombros se lo decían.
"Tengo que decir todas esas oraciones que prometí si pescaba al pez __pensó__. Pero estoy demasiado cansado para rezarlas ahora. Mejor que coja el saco y me lo eche sobre los hombros."
Se echó sobre la popa y siguió gobernando y mirando a ver si aparecía el resplandor en el cielo. "Tengo la mitad del pez __pensó __. Quizás tenga la suerte de llegar a tierra con la mitad delantera. Debiera quedarme alguna suerte. No __se dijo__. Has violado tu suerte cuando te alejaste demasiado de la costa."
__No seas idiota __dijo en voz alta__. Y no te duermas. Gobierna tu bote. Todavía puedes tener mucha suerte. Me gustaría comprar alguna si la vendieran en alguna parte.
"¿Con qué habría de comprarla? __se preguntó __. ¿Podría comprarla con un arpón perdido y un cuchillo roto y dos manos estropeadas?".
__Pudiera ser __dijo__. Has tratado de comprarla con ochenta y cuatro días en el mar. Y casi estuvieron a punto de vendértela.
"No debo pensar en tonterías __pensó __. La suerte es una cosa que viene en muchas formas, y ¿quién puede reconocerla? Sin embargo, yo tomaría alguna en cualquier forma y pagaría lo que pidieran. Mucho me gustaría ver el resplandor de las luces __pensó __. Me gustarían muchas cosas. Pero eso es lo que ahora deseo." Trató de ponerse más cómodo para gobernar al bote y por su dolor se dio cuenta de que no estaba muerto.
Vio el fulgor reflejado de las luces de la ciudad a eso de las diez de la noche. Al principio eran perceptibles únicamente como la luz en el cielo antes de salir la luna. Luego se las veía firmes a través del mar, que ahora estaba picado debido a la brisa creciente. Gobernó hacia el centro del resplandor y pensó que, ahora, pronto llegaría al borde de la corriente.
"Ahora ha terminado __pensó __. Probablemente me vuelvan a atacar. Pero, qué puede hacer un hombre contra ellos en la oscuridad y sin un arma?".
Ahora estaba rígido y adolorido y sus heridas y todas las partes castigadas de su cuerpo le dolían con el frío de la noche. "Ojalá no tenga que volver a pelear __pensó __. Ojalá, ojalá que no tenga que volver a pelear."
Pero hacia medianoche tuvo que pelear y esta ves sabía que la lucha era inútil. Los tiburones vinieron en manadas y solo podía ver las líneas que trazaban sus aletas en el agua y su fosforescencia al arrojarse contra el pez. Les dio con el palo en las cabezas y sintió el chasquido de sus mandíbulas y el temblor del bote cada vez que debajo agarraban su presa.
Golpeó desesperadamente contra lo que sólo podía sentir y oír, y sintió que algo agarraba la porra y se la arrebataba.
Arrancó la caña del timón y siguió pegando con ella, cogiéndola con ambas manos y dejándola caer con fuerza una y otra vez. Pero ahora llegaban hasta la proa y
acometían uno tras otro y todos juntos, arrancando los pedazos de carne que emitían un fulgor bajo el agua cuando ellos se volvían para regresar
nuevamente.
Por último vino uno contra la propia cabeza del pez y el viejo se dio cuenta de que todo había terminado."











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Colección Cocuyo, Literatura Universal. 1976. Instituto Cubano del Libro.
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